17/02/2009
La levedad de las letras

03/02/03
Leyendo tanto se consigue llegar a un estado de ligereza en donde lo único que pesa son las ideas. Ahora estoy flotando, leyendo en las nubes y viendo el mundo desde lo más alto. Desde aquí todo se ve en formas raras. Ojos que no ven, relojes que no marcan las horas.
Deficiencias materiales que se solucionan con un poco de imaginación. Pero tanta levedad me molesta. Sigo leyendo porque esta semana acaba mi hora: llegan los exámenes. Llegan con avisos, pero sin saber porqué comienzo a temerme lo peor. Escribir con el ordenador, hacer resúmenes, resumir lo resumido, que ocupa más que el propio libro de texto; todo esto no es lo mismo que escribir con sentido en un examen.
Hasta ahora mi paso por la universidad había alcanzado poca relevancia social. Casi ninguna palabra más de la cuenta. Todo eran números y examenes tipo test. Ahora, con la filosofía, todo es diferente. Hay que escribir demasiado, con buena letra y de manera ordenada e inteligente. Vamos que se entienda lo que digo y con sentido. Con mi imaginación y con memoria.
En una semana estaré leyendo teorías, historias y sociedades que he leido en una nube lejana. La levedad siempre pesa demasiado. Eso me temo.
28/01/2009
Todo un coleccionista

02/02/03
Toda mi vida he sido un coleccionista de cosas inútiles. De partidos de fútbol sin balón, de juegos solitarios, de complejos incurables, de granos sin señales en la madurez, de miradas con trampa, de sonrisas equivocadas, de amores de tres años, de juegos sin palabras, de duchas calientes y camas frías, de pelos largos, de tijeras que no cortan, de bolígrafos que ensucian, de amigos que no hablan, de libros sin palabras, de letras que no entiendo, de monedas pasadas, de sellos sin valor, de gomas que se rompen, de canciones enlatadas, de latas de goma, de paseos solitarios, de soledad acompañada; de novias que me invento, de miradas de perro, de relojes que no dan la hora, de teléfonos sin prefijo, de sirenas que no suenan, de barcos que se hunden (sin papel), de historias inacabadas, de imaginación seca, de vergüenzas que se tapan, de calzoncillos que no aprientan, de zapatos que patinan, de odios que no entiendo, de miedos que me aterran, de recortes de prensa que no leo, de calendarios sin días rojos, de números pares y estaciones sin primavera; de aprender a escribir sin empezar a saber de qué escribir, de abundancia que me sobra, de sillones que duermen y de sillas que estiran, de todo lo que nunca haría colecciones y algún día dejaré de pensar. Todo lo que colecciono no esta aquí escrito. Lo que tengo no se lo debo a nadie. Ni siquiera a mi.
21/01/2009
Me odio

01/02/03
Cada vez más odio. No consigo entender una parte de mi que aún sigue dormida. La intento acariciar, se deja, sutilmente, entre ladridos perdidos y esquinas orinadas de suciedad. La intento poseer pero no consigo entenderla.
Cada vez más odio. Más ruido inexacto, más de todo y menos de lo que deseo. Me duele tanto la mano de escribir siempre lo mismo. La vista se esta llenando de niebla fría. Hace demasiado frío para entender lo que pienso.
Ya no sé si este odio es hacia mi o hacia lo que se esconde dentro de mi. Esa parte que conozco, que se que existe pero no se atreve a salir. Duermo entre libros, me levanto pensando frases, casi partiendo las historias del pasado con otras caras, con otra voz. Son las mías, las que me sucedieron siendo indiferente.
Si, antes era indiferente. Esa es la expresión que necesitaba. La nada y la indiferencia.
Un día conseguiré que este sueño se despierte. Quemaré las miles de hojas ilegibles que he escrito y me convertiré en ese sueño que duerme a mi lado. El escritor saldrá y el mundo seguirá pareciéndome extraño.
20/01/2009
Demasiado viejo

31/01/03
Un premio sirve para despertarte de esta vida. "Noctambulos" de la noche y con rigos de cientos heladas. Hoy hace tanto frío que sería incapaz de encerrarme en casa. Tengo la necesidad de sentirme vivo. De notar el hielo en mi cara. Parece mentira que los sueños nos arrastren tanto durante el resto del día. Hoy mismo sigo masticando lo que soñé ayer.
Anoché soñé contigo. Parece el título de un bolero descarnado, pero resulta que tu ya eres quien habita en mi noche. Contigo es falso. Sería mejor decir con ella.
Volviendo a los premios. De aquí a dos meses ya no seré joven promesa. Mi tiempo se habrá acabado como autor joven, ni siquiera la colera visita del primer libro de autor será suficiente para enternecer mi ego.
Madrid convoca unos premios para jóvenes con límite en el año 1973. Yo ya soy de 1974 y tengo la impresión que mi aspecto no confunde ya a nadie.
Una licenciada en sociología por la UNED, gana un premio literario (Cristina Cerrada, 1970), cuatro años más que yo. Quizás áún tengo tiempo.
Ataque de nostalgia

30/01/03
Cuando me ataca la nostalgia no puedo evitar pensar en el pasado. Es también la mejor solución; quizá la única. Apostar mi pensamiento con lo que venga. Amores pasados, recuerdos de fiestas, amigos que desaparecen de tu lado y no vuelven a saber nada de tí. Recuerdos imborrables que desaparecen mientras los pienso. Esta es la magia de la nostalgia. Me duele cuando la veo, pero me relaja mientras la pienso. Todo tiene su pequeña explicación. Sería iluso si recordase ahora lo que pienso. Merece un recuerdo algo tan inhospito como un papel es como ecerrar un pájaro en una jaula de oro. Sería mantener escondida la memoria, y eso es necesario para tenerla apagada. Al menos de vez en cuando.
¡Ya ataca con demasiada fuerza cuando menos lo esperas!
La nostalgia desaparece ahora de mi lado, la concentración se equivoca de vía de acceso a mi piel. Todo lo que ahora cuento carecerá mañana del más mínimo sentido.
El otro yo

29/01/03
Y aún sigo pensando qué sería de alguien como yo si en otra parte del mundo estuviese haciendo lo mismo que hago ahora: recortar noticias que le sorprendan como a mi en periódicos de otras lenguas y escribir un libro que nunca verá la luz.
Esa desmayada sociedad que le envuelve es la misma que a mi me aprisiona. Resulta que mi otro yo, la otra persona, el recortador de noticias absurdas, estará pensando ahora mismo en mi. Tendré los dedos cansados de tanta palabra inútil. De leer los ojos rojos y de escuchar las orejas sucias. no es tan limpio como yo, porque mi vida ha sido casi transparente. Este impulso, esa imaginación de lo que carezco me invade ahora. Me despierto, es tan recurrida esa imagen, y me veo solo en el mundo. Con mi otro yo buscándome. "En el fondo solo me tengo a mi", piensa él. Y yo le sigo al fin del mundo,
Mañana recrotaré otras cosas. Pensaré en pasado y tendré que llorar. Él tampoco sabe qué tiene que escribir.
19/01/2009
Pildoras de salud

28/01/03
Hoy es el día de la salud en mi pensamiento: descubrimientos, experimentos, pinchazos... Todo lo que tenga olor a hospital, laboratorio o médico estará bienvenido.
"El trasplante de médula ósea puede generar neuronas en el cerebro". Primera parte increible.
Otra píldora.
"Un paciente italiano sobrevive tras reimplantarse su higado, extraído para someterlo a radioterapia intensa. Un año después de la explantación, el escáner del paciente mostró un hígado sano".
"La obesidad en adolescentes es más creciente en niños que tuvieron una lactancia con biberón".
"La toxina butolínica puede ser útil contra el olor corporal".
"La amenaza de las partículas persistentes: la primera evaluación de los residuos tóxicos en el área del meditarráneo revela que hay una ingestión continua de pequeñas dosis contaminantes".
Toda la salud es poca cuando se está vivo. Muertos no nos sirve de nada, ni siquiera ver el telediario. Aquella noche entendí qué significaba la muerte. Desde entonces esa tortilla que estaba comiendo no tiene el mismo sabor.
La gente mediocre

27/01/03
La gente mediocre tiende a fijarse más en los fallos de los demás. Y hablan de lo que no saben y critican lo que desconocen. Esta no sería tan claro si yo mismo no fuese una de esa gente mediocre. Que critica los ruidos de las calles por el asfalto mal puesto, y sería incapaz de saber de qué esta hecho el material que sirve para que los coches contaminen menos la capa de ozono.
Una historia más antigua se parece a lo que produjo el sabio. Aquella tarde de calor encendida se iba apagando todo su cuerpo. La mirada estraviada, el pelo al cero, los ojos cansados. Ese olor a hierba del bosque, cuando llueve, cuando las gotas se han pegado a la suela del zapato y acompaña todo el camino. Esa gente mediocre que me sigue sin saber que soy de ellas. Que estoy hecho de su misma pasta. La que no crece; la que se pega a mi mirada levantada del sofá.
A menudo describo tantas necedades que siento no poder escribir sin rumbo. No tengo otra memoria que la que me falla, ni más imaginación que la que no tengo. De todo se aprende, pero de la gente que se fija en los demás porque no puede verse todos los fallos en una misma (son demasiados), de esa gente no me fijaré nunca más. Aunque tenga que dejarme de mirar en el espejo de casa más sucio.
18/01/2009
El primer libro

26/01/03
El primer libro que leía era el último que ahora tenía entre mis manos. Lo leí siendo niño, con siete u ocho años, cuando acababa de empezar a saber leer. Tuve la oportunidad de leer centenares de millones de libros. Miles de cuentos para niños, pero no. Tuve que leer ese libro que me confundió, pero que decididamente, en mi interior, sabía que cambiaría el modo de ver la vida.
Hasta entonces todo lo que había hecho carecía de valor. Había nacido, crecido, cumplía años cada mismo día. "Naciste a las 21:15, era viernes... Como era mi niño pequeño".
Mi madre decía lo mismo cada día, y cada año era la primera en felicitarme. Me levantaba más temprano que los demás días y me apretaba los carrillos con un apretón de dedos que querían o pretendían ser cariñosos. Ese día, el que cumplí siete u ocho años, me regalaron este libro que ahora he vuelto a tener entre mis manos.
Fue un regalo de mi abuelo. Ciego de un ojo y borracho en exclusiva. Me lo trajo de un quiosco al que iba antes de meterse en el bar. Se pasaba el resto del día metido en ese bar, pero antes, con el ojo vivo que le quedaba, leía la prensay ojeaba las revistas de su amigo kiosquero.
"Le llevaré este libro a mi nieto". Hoy hace tanto tiempo que no estoy seguro de que fuese esa la frase que le dijera mi abuelo a su amigo. Además, ni siquiera estaba allí para comprobarlo. Hoy, lo vuelvo a leer. Mi abuelo ha muerto, y este primer libro huele al añejo sabor de ron de cubata que emanaba su piel.
17/01/2009
No hay fuego

25/01/03
La escritura debe ser fuego. Fogonazos de inspiración. Eso ya lo pensé anoche, y antes de ayer y mañana será lo único que piense.
La escritura no debe matar. Tiene que hacerte deleitar, disfrutar con el ensamblaje perfecto: Artículo-nombre-adjetivo-verbo-complemento. Todo debe estar bien montado. Nadie lo entiende, pero a medida que pasan los minutos, más creo en la falta de inspiración y menos me encomiendo a los dioses, a esos que no existen. Que cuando más los necesito están ayudando a otro futuro escritor enfrente de su primera novela.
El mundo tendría que ser un continuo deseo de escritura. Desear que todos sufriesemos de todo. No hacer faltar a los libros, ni a la música, ni al arte en general. Todos seríamos Da Vinci, Einstein, Dalí, Kundera... Todos saldríamos por la televisión. Imagínate que tu mismo serás el que nunca leas esto. Pero que solo por eso tendrás la sensación de querer olvidarte de mi. De todo lo que te rodea. De la vida sin suicidios, en el invierno sin nieve. Como las canciones que te hacen dormir. Como esos ojos que se cierran y tardan en encontrar el cielo. El día se acaba y jamás tengo una idea brillante. Mañana es ya hoy. Sábado en la lista de esta hoja y media. Tendré que echar de mano la imaginación a la vista de esos golpes.